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04 febrero 2014

Durruti contra Coca-Cola


"Un día los obreros de la cervecería Damm de Barcelona declararon la huelga porque su salario era muy bajo. Los empresarios no cedieron y despidieron incluso a algunos trabajadores. Entonces la CNT respondió con un boicot contra la cervecería. Algunos dueños de bares no quisieron participar en el boicot. Siguieron despachando cerveza Damm. Entonces los fueron a visitar Durruti y algunos compañeros, aparecían en la puerta y destrozaban los escaparates, los vasos y el bar. Pronto en todos los bares de Barcelona apareció un cartel que decía: «Aquí no se despacha cerveza Damm.» Después de unas semanas la cervecería pagó la totalidad de los salarios, volvió a ocupar a los despedidos y negoció un nuevo convenio con la CNT"

Ramón García López,  obrero de Barcelona, entrevistado el 5 de mayo de 1971. En 'El corto verano de la anarquía. Vida y muerte de Durruti', de Hans Magnus Enzensberger.

En España, con el ERE de Coca-Cola, aún no se han llegado a tomar medidas como las de Durruti y los suyos, pero noticias como la que ayer recogía el diario Información de Alicante —"Crece la presión contra Coca-Cola"—, recogiendo cómo los hosteleros de la zona están tratando de cambiar de proveedor ante una medida que afectará en gran medida a sus vecinos, nos hacen albergar esperanzas, no solo de que no todo está perdido, sino de que todo esto está sirviendo para que la gente tome conciencia de que el poder está en nuestras manos simplemente si nos organizamos. Que no decaiga hasta conseguir, como Durruti y los suyos ya hicieron casi un siglo atrás, nuestros objetivos. Y si no, que nadie olvide —y el resto de corporaciones tomen nota— que en Alicante, Palma, Asturias y Madrid, que en todo el Estado, no se volverá a consumir un producto de The Coca-Cola Company.

16 enero 2014

Ahora queremos trencadís

Palau de les Arts. Foto: Alberto G. Robi

Imagine que va al carnicero, pide entrecot de buey de Kobe, el carnicero le empaqueta un trozo de carne, se lo cobra a precio de oro, y cuando llega a casa y abra el paquete se da cuenta de que el tendero lo que le ha dado en un trozo de lomo de cerdo. ¿Qué haría usted? Si al regresar a la tienda a aclarar el malentendido, el carnicero le dijera que lo siente y que le va a subsanar, pero que en lugar del buey le va a dar un par de salchichas. ¿Usted aceptaría? Pues algo similar ocurre ahora en Valencia (aunque realmente es en todo el País Valenciano, pues es a todos sus ciudadanos a escote a los que se nos ha dado gato por liebre) con el asunto del dichoso trencadís inestable del Palau de les Arts.

La historia tiene, no obstante, algunos matices. Al tendero Santiago Calatrava, lo eligió para comprar carne —edificar la Ciudad de las Artes proyectada originalmente— el gobierno socialista de Joan Lerma; pero fue el de Eduardo Zaplana (que había vehiculado su oposición al anterior mostrando —entre otras cosas— un rechazo frontal al proyecto por considerarlo excesivamente caro), el que ya con la cartera en la mano cambió los detalles de la lista de la compra y multiplicó su coste. Finalmente, sería el faraón Francisco Camps quien finalmente acudiría al tendero como si nuestra cartera no tuviera fondo y le diría "ponme lo más caro, que això ho pague jo".

16 febrero 2012

Yo no quiero reaccionar como los griegos


Mientras el pasado domingo por la noche arreciaban a través de Internet las imágenes de Atenas con algunas sedes de bancos ardiendo y de centenares de manifestantes tratando de asaltar la sede del parlamento griego donde se discutía la penúltima venta a precio de saldo del futuro del país, las redes sociales se inundaban —obviamente, si uno tiene amigos de su misma cuerda o similar, porque si no igual lo que veía circular eran comentarios acerca de cualquier estúpido espacio televisivo— de mensajes de envidia. "A ver si reaccionamos como los griegos" venían a decir de diferentes modos unos y otros con toda la buena intención del mundo. Sin embargo, a mí, envidia me producían poca. Más bien al contrario, me daban pena, pues resulta evidente que su reacción —encarnada, no nos engañemos, por un puñado de valerosas personas que ante la violencia ejercida institucionalmente sobre la ciudadanía han decidido que deben defenderse en la calle y como sus propios y limitados recursos les permitan— llega bastante tarde.