27 enero 2014

Hollande vs Fabra

Alberto Fabra y Esther Pastor. Foto: Javier Cavanilles (CC no comercial con atribución)

A los periodistas nos lo enseñaban en clase, pero cualquiera educado con los mass media lo saben sin necesidad de que se lo expliquen. Ante un mismo suceso, es más noticiable el que ocurre cerca que el que pasa lejos. Lo llaman el criterio de proximidad y es tan importante y tan normal su aplicación que a nadie le extraña que un crimen convencional sucedido en el centro de Madrid sea cubierto con varios minutos en el mismo informativo que apenas dedica unos segundos —y porque hay imágenes del suceso, que si no olvídense— a un atentado al otro lado del mundo en el que han fallecido centenares de personas. Les cuento esto porque en los últimos días no me lo he podido quitar de la cabeza. Y no me lo he podido quitar porque no acabo de entender por qué los medios españoles dedican tanto tiempo a la vida privada de François Hollande y tan poco —por no decir ninguno— a la de Alberto Fabra.

23 enero 2014

Fabra contra los más débiles

A mediados de noviembre, Alberto Fabra se retrató con este usuario de un centro de Villarreal. Seguramente entonces Fabra no le anunció que en dos meses le pasaría la factura.

El asunto es peliagudo y a poco que los medios se fijaran un poco en él, lo normal sería que no tuviera muy buena prensa. Sin embargo, los medios de masas no le están prestando prácticamente ninguna atención. No obstante —por si acaso— hace unos días el gobierno valenciano trasladó su habitual rueda de prensa semanal a Alicante para exponer su pionera medida, que los afectados solo habían conocido por carta unos días atrás: desde el 1 de enero iba a cobrar más a los discapacitados y dependientes por el servicio que se les ofrece en centros ocupacionales, de día y residencias. Alberto Fabra convertía así un servicio social básico gratuito (garantizado en el resto del Estado y en los países de referencia para el nuestro) en una manera de obtener ingresos. A costa, repito, de los dependientes y los discapacitados.

Sin embargo, el gobierno de Alberto Fabra hacía gala de su cinismo habitual para convertir este atraco a uno de los eslabones más débiles de nuestra sociedad en algo comprensible por la ciudadanía más irreflexiva. Primero señalando que los discapacitados y dependientes son 7.137 personas, de las cuales el 30% no se verá afectado; y finalmente retorciendo la medida para asegurar que "ninguna persona va a quedar fuera por no tener recursos económicos". Claro, precisamente porque tienen una pensión de discapacidad y sus familias —si han podido permitírselo— se han encargado de dejarles un patrimonio que pueda permitirles un mínimo de bienestar, el gobierno se lo piensa quitar. 'A los que no tienen, nos los tenemos que tragar', podrían haber añadido. Y todo por recaudar entre 10 o 15 millones de euros. Lo que han quemando en unos años en el Open 500 de Tenis, por poner un caso.

20 enero 2014

¿Primarias para qué?


No, politizados lectores, no me maten todavía. Déjenme que me explique y luego, si lo creen aún conveniente, lapídenme discursivamente a su gusto. Me explico: el proceso de primarias para que los ciudadanos, militantes o no en partidos políticos, podamos participar en la configuración de sus programas y listas me parece la mar de interesante por muchos motivos. Así a vuela pluma se me ocurre un par. El primero, que podría servir para  poner el debate político y de ideas en la agenda ciudadana, desplazando a otros temas de menor enjundia. El segundo, que esa exposición pública debería servir a priori para hacer una criba de calidad en los partidos y que los candidatos finalmente elegibles tuvieran una mayor calidad que la que ahora nos ofrecen la mayoría de listas electorales. No obstante, cabe apuntar, eso sería si las primarias de unas y otras formaciones se celebraran en un escenario ideal. Y el nuestro, qué quieren que les diga, dista mucho de serlo.

16 enero 2014

Ahora queremos trencadís

Palau de les Arts. Foto: Alberto G. Robi

Imagine que va al carnicero, pide entrecot de buey de Kobe, el carnicero le empaqueta un trozo de carne, se lo cobra a precio de oro, y cuando llega a casa y abra el paquete se da cuenta de que el tendero lo que le ha dado en un trozo de lomo de cerdo. ¿Qué haría usted? Si al regresar a la tienda a aclarar el malentendido, el carnicero le dijera que lo siente y que le va a subsanar, pero que en lugar del buey le va a dar un par de salchichas. ¿Usted aceptaría? Pues algo similar ocurre ahora en Valencia (aunque realmente es en todo el País Valenciano, pues es a todos sus ciudadanos a escote a los que se nos ha dado gato por liebre) con el asunto del dichoso trencadís inestable del Palau de les Arts.

La historia tiene, no obstante, algunos matices. Al tendero Santiago Calatrava, lo eligió para comprar carne —edificar la Ciudad de las Artes proyectada originalmente— el gobierno socialista de Joan Lerma; pero fue el de Eduardo Zaplana (que había vehiculado su oposición al anterior mostrando —entre otras cosas— un rechazo frontal al proyecto por considerarlo excesivamente caro), el que ya con la cartera en la mano cambió los detalles de la lista de la compra y multiplicó su coste. Finalmente, sería el faraón Francisco Camps quien finalmente acudiría al tendero como si nuestra cartera no tuviera fondo y le diría "ponme lo más caro, que això ho pague jo".

14 enero 2014

Los que no ganamos ni perdemos nada

En los últimos días hemos podido escuchar a personajes como Gran Wyoming o Iñaki Gabilondo emplear —conscientemente o no— la terminología de uno de los bandos en sus espacios.

La derecha más rancia, retrógrada, antidemocrática y belicista, inventó la terminología. "Hay que vencer", "tienen que ser derrotados" repitieron durante años en una letanía totalmente adecuada a su ideología: desde hace mucho tiempo, durante el franquismo y aún antes, habían emprendido una guerra contra aquellos que pensaran diferente, que tuvieran otras sensibilidades. Solo deseaban verlos derrotados y humillados. 

Abrieron  así múltiples frentes —contra la cultura, contra la izquierda, contra el progreso, contra la emancipación de la mujer, en definitiva, contra las libertades de pensamiento— y encontraron muchas reacciones... Y una de ellas, especialmente beligerante, se decidió a combatir en el mismo tablero, el del terror y la muerte. 

01 enero 2014

La penúltima nochevieja de la alcaldesa


Un cuento (o no)

Cuando Ana, Marisa y Jacinto llegaron a la plaza del Ayuntamiento poco antes de la medianoche, ésta ya estaba tomada por la gente. La había en la zona central, la habilitada para la pirotecnia de las mascletades desde principios de marzo, pero también en medio de la calzada. Y eso que no había convocatoria oficial ni dispositivo para velar por la seguridad de los presentes. Lo que habían oído era, pues, cierto: aunque las autoridades municipales nunca hubieran programado nada, mucha gente, entre vecinos y turistas, venían reuniéndose en cantidades cada vez más generosas cada 31 de diciembre en la plaza consistorial, la más grande y céntrica de Valencia, para dar la bienvenida al año nuevo.