21 septiembre 2011

Mejor cerrados


Desde hace semanas cualquier ciudadano que atraviese por la noche el puente de l'Assut de l'or observará una curiosa estampa: la de los edificios de Calatrava, antaño más brillantes que la luna, ahora solo iluminados por la luz anaranjada de las farolas del borde del río. Lo lógico y bonito sería pensar que nuestros gobernantes han entrado en razón y que tanto dispendio lumínico quizás era innecesario; aunque las periódicas y cada vez más habituales noticias de impagos del Consell invitan a pensar que no hay luz porque no se puede hacer frente a la factura (al igual que en el mismo marco, el Ágora no tiene sus previstas alas por el mismo motivo y no por la inutilidad de estas y el resto del conjunto).

No obstante, la oscuridad del entorno hace brillar en él un pequeño rincón del complejo. Se trata de una porción del Umbracle, su lujoso mirador, al que los administradores públicos decidieron sacar rendimiento. ¿Cómo? Alquilándolo a una empresa privada para que en él se montara una hortera discoteca al aire libre en la que pijos y wannabes valencianos se esnifaran la noche. Mi modelo de ocio es otro, lo reconozco, pero aunque sospecho que la cesión no será todo lo ventajosa para las arcas públicas que podría ser, la solución me parece perfecta.


14 septiembre 2011

Antes la muerte


Les hablo de memoria, pero no cabe duda de que, si con el dinero que se puede recaudar en un año no alcanzaría para pagar los 320 millones que los valencianos debemos al ICO por la dársena para la Copa América, en un par de años zanjaríamos esa deuda y además podríamos pagar también los más de 90 millones que cuesta el inútil Ágora de Calatrava y olvidarnos de él y los intereses de demora que genere. Si esto no nos convenciera, también podríamos optar por destinar el dinero de un año a pagar, no solo los también más de 90 millones de euros que aún hemos de costear por la realización del circuito urbano de Fórmula 1, sino también el desorbitado canon anual pactado con Bernie Eccleston para que la carrera se dispute en Valencia hasta el año 2014. Y si esto no les parece fino, podría destinarse el montante de dos años a zanjar los 328 millones que estamos pagando —más los intereses de demora que genera— por el Palau de les Arts y un buen puñado de temporadas con la mejor programación operística. Al fin y al cabo, es la gente pudiente —también los ciudadanos de a pie, aunque haciendo sacrificios— la que puede acceder a estos eventos de lujo en los que nos comprometió el nefasto gobierno de Francisco Camps y que han dejado las arcas públicas valencianas en números rojos.

Pero no, como anunciaba el lunes Alberto Fabra, la situación puede ser todo lo crítica que se quiera, pero los que más tienen no tendrán que arrimar el hombro volviendo a pagar, no un impuesto nuevo, sino uno que pagaban hasta hace cuatro días. "¡Antes la muerte!" le faltó decir al flamante President de la Generalitat ante un complacido grupo de miembros de la Asociación Valenciana de Empresarios. Estos dicen representar al empresariado valenciano, aunque a uno le resulta difícil creer que exista un solo propietario de una mediana o pequeña empresa (de las miles afectadas directa o indirectamente por los impagos de la Generalitat) que haya asistido con satisfacción a la renuncia del Consell a recaudar los aproximadamente 215 millones de euros anuales de ingresos que supondría para los valencianos la recuperación del impuesto sobre el patrimonio. Un impuesto, no lo olvidemos, que solo paga una mínima parte de los ciudadanos con mucho, pero que mucho patrimonio.

Así pues, mientras funcionarios cualificados de la administración valenciana se van a la calle por decenas "porque no hay dinero"; centenares de empresas echan el cierre, reducen personal o dejan de pagar a trabajadores y proveedores porque no les llega lo que les debe la Generalitat; y los intereses por la deuda generada en años de despilfarros en "grandes eventos" y aún más grandes inutilidades —aeropuerto de Castellón, estudios de la Ciudad de la Luz, Terra Mítica, etc.— no paran de crecer, pues las deudas no se saldan; Fabra se posiciona donde le dice el PP: los ricos no se apretarán el cinturón para que salgamos de la crisis. Pues eso, muerte.

05 septiembre 2011

Aún mandamos


Regresa uno del verano y lo hace con pocas ganas. Pero el desánimo esta vez es especial, más profundo. Y es que se regresa a una guerra en la que los elegidos para comandar las tropas, en lugar de arengarlas, de trazar planes que logren ganar batallas y finalmente la contienda; no paran de desanimarlas y de regalar victorias al enemigo sacrificando al tiempo su bienestar (el de las tropas, obviamente). Los sacrificios hasta ahora han sido muchos, aunque no han propiciado victoria alguna. Y tampoco se recuerda un solo enemigo abatido. Todos siguen en sus puestos, vivos y coleando, e incluso se podría decir que a algunos se les ve más saludables.