Mientras el pasado domingo por la noche arreciaban a través de Internet las imágenes de Atenas con algunas sedes de bancos ardiendo y de centenares de manifestantes tratando de asaltar la sede del parlamento griego donde se discutía la penúltima venta a precio de saldo del futuro del país, las redes sociales se inundaban —obviamente, si uno tiene amigos de su misma cuerda o similar, porque si no igual lo que veía circular eran comentarios acerca de cualquier estúpido espacio televisivo— de mensajes de envidia. "A ver si reaccionamos como los griegos" venían a decir de diferentes modos unos y otros con toda la buena intención del mundo. Sin embargo, a mí, envidia me producían poca. Más bien al contrario, me daban pena, pues resulta evidente que su reacción —encarnada, no nos engañemos, por un puñado de valerosas personas que ante la violencia ejercida institucionalmente sobre la ciudadanía han decidido que deben defenderse en la calle y como sus propios y limitados recursos les permitan— llega bastante tarde.
Sin embargo, no tenemos nada que envidiar a los griegos: nos estamos comportando exactamente como ellos. ¿Que nos decepciona la política que ejerce uno de los dos grandes partidos? Votamos mayoritariamente al otro, y si nos falla, volveremos al anterior. Nada que suponga una alternativa. ¿Que se nos cierra el mercado del empleo oficial? Nos lanzamos al sumergido y sálvese quien pueda. ¿Qué hoy joden a unos y mañana a otros? Pues nos manifestamos ordenadamente, cada uno por su lado, y tratando de ofrecer una imagen intachable que puedan recoger los medios del sistema, que son muy sensibles a cualquier conducta airada (eso sí, todo nuestro interés se centra en ellos, no en generar una alternativa, que ya dejamos en manos del sacrificio de otros). Y así, hasta la derrota final. Si ni siquiera renunciamos a unos juegos olímpicos en Madrid en 2020, para ver si nos hunden definitivamente como los de Atenas 2004 acabaron de matar la economía griega.
No, yo no quiero ser como los griegos. Nada de medias tintas, de manifestaciones sectoriales y en días libres, de seguir alimentando al sistema y sus voceros dándoles el mínimo voto de confianza. Quiero unión, quiero solidaridad, quiero protestas, quiero que los que nos están tratando de vender sientan nuestro aliento en su nuca, que los que inconscientemente les respaldaron sientan vergüenza... Quiero cambio, y lo quiero ya. Porque aún no es tarde. Del todo

1 comentario:
Reaccionar como los griegos no es lo deseable... pero a veces no nos dejan otra opción. No hay más que ver lo que está sucediendo en los últimos días en Valencia. Como decía Kennedy: "Quienes hacen imposible una revolución pacífica, hacen inevitable una revolución violenta".
Saludos.
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