La verdad es que, cuando me enteré de la jugada, pensé que era lo que faltaba. Sí, la ocurrencia de Podemos de elegir el careto de Pablo Iglesias como parte del logo de sus papeletas, era el colmo de una estrategia que acababa de desmontar la presunta propuesta de horizontalidad y de plataforma de base del emergente partido político. Efectivamente, como estrategia de marketing tiene sentido: que el rostro de Iglesias figure en las papeletas puede posibilitar que un determinado tipo de electorado, el políticamente analfabeto consumidor de pseudo debates políticos de televisión, pueda decidir en última instancia votar al "chico de la coleta de la tele" en lugar de al "gordo comilón de la tele" o a "la señora recién sacada de la peluquería de la tele". En cambio, como "alternativa" a la mala política que se oferta en España, pues no supone ninguna alternativa.
