Regresa uno del verano y lo hace con pocas ganas. Pero el desánimo esta vez es especial, más profundo. Y es que se regresa a una guerra en la que los elegidos para comandar las tropas, en lugar de arengarlas, de trazar planes que logren ganar batallas y finalmente la contienda; no paran de desanimarlas y de regalar victorias al enemigo sacrificando al tiempo su bienestar (el de las tropas, obviamente). Los sacrificios hasta ahora han sido muchos, aunque no han propiciado victoria alguna. Y tampoco se recuerda un solo enemigo abatido. Todos siguen en sus puestos, vivos y coleando, e incluso se podría decir que a algunos se les ve más saludables.