Lo más fácil —y quizás lo más justo, habida cuenta de los calificativos que recibimos todos los que advertimos que aquello era un timo evidente—, sería decirles que son ustedes unos imbéciles. Al fin y al cabo, cuando Francisco Camps y Rita Barberá salieron en vísperas electorales a anunciar —recién estafados con la Copa América— la llegada de la Fórmula 1 a las calles de Valencia “a coste cero” siempre que ellos ganaran las elecciones, no hicieron otra cosa que tratarles como sobornables imbéciles.
Entonces los indicios de que aquello era una estafa eran notables, pero bueno, con Canal 9 —que el Señor la tenga en su gloria— dando la matraca con los grandes eventos, “l’oratge i els moros i cristians”, quizás su capacidad de discernimiento se vio ligeramente afectada. Sin embargo ahora, siete años después, lo sucedido con la Fórmula 1 en Valencia es un hecho no sometible a interpretaciones. Francisco Camps y su gobierno, con la complicidad de Rita Barberá y el respaldo del PP, no solo contrataron la Formula 1 en Valencia sabedores de que sería un negocio deficitario, sino que además, en una acción que resume a la perfección su calidad política y humana, Francisco Camps, la víspera de dimitir por el ‘caso de los trajes’, decidió dedicar su última acción como presidente de la Generalitat a ampliar el contrato —que desde 2009 se sabía ruinoso— de la carrera valenciana y cargar todos los costes que pudiera ocasionar al bolsillo de los valencianos.

















