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16 febrero 2011

Contrastes


El pasado domingo, más de un millar de aficionados del Levante UD realizaron una cadena humana que logró dar la vuelta al estadio Ciudad de València (unos 600 metros), para lanzar a su equipo la imagen de un gigantesco abrazo. Imagino que ya saben —pero si no se lo cuento— que el Levante es un club humilde, que acaba de atravesar una intervención judicial por el delicado estado de sus finanzas, y que como fruto de esa situación cuenta con un presupuesto muy bajo, que no sin dificultad le ha permitido componer un equipo con retales para competir en una competición futbolística como la Liga española donde se mueven cifras astronómicas. Hace unas semanas el equipo pasaba por un momento delicado, encadenando una derrota tras otra, como se presuponía a su condición. Sin embargo, buena parte de los aficionados del equipo (no llegan a 15.000 los que acuden al estadio) se conjuraron para transmitir su aliento a la plantilla y hacerla cambiar de ánimos y actitud. Desde entonces centenares de cartas de ánimo mandadas aficionados cubren el pasillo entre el vestuario de los jugadores y el campo; y a la llegada de cada partido en casa, los futbolistas son recibidos por los cánticos de centenares de seguidores. El equipo sigue siendo humilde —hace muchos desplazamientos en autobús—, pero con el aliento de la afición lleva encadenadas tres victorias consecutivas, y todo parece posible en una historia que parece de película.

31 enero 2011

El siguiente paso lógico


Ya se ha acordado la reforma de las pensiones. Ya está. Cuando escribo estas líneas —domingo noche— no sé que sucederá, pero algo me dice que los informativos de hoy lunes dedicarán más tiempo a la derrota de ayer del Real Madrid, que a un cambio en la legislación que afectará —para mal— al futuro bienestar de más o menos la mitad de los españoles y de todos los que están por nacer y venir en las próximas décadas (es alucinante, pero el grado de estulticia que ha alcanzado nuestra sociedad ha llegado a este ínfimo nivel y cabe señalarlo).

Cierto es que primero nos han puesto vaselina, y nos la van a ir metiendo poco a poco para que parezca que duele menos, pero no lo duden, la vamos a notar entera. Acceder a la pensión íntegra —para los que ahora son menores de 45 años y las futuras generaciones, y dadas las condiciones laborales actuales— es ya una utopía, y el objetivo que se perseguía se ha logrado. Este no era, como saben, garantizar el actual sistema de pensiones, sino invitar a la gente a que acceda gradualmente al sistema privado. Los que puedan lo harán, y los demás, pues ya saben.