28 agosto 2012

Recesión forever

Condenar a todo un país y sus futuras generaciones no es motivo para no sonreír a las cámaras.

Revisando la  prensa de estos días, leo que el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero mintió en sus últimos meses al frente del gobierno respecto a la recesión económica, que habría empezado a producirse ya en verano del pasado año y no justo cuando agonizaba su última legislatura en vísperas electorales, como se sostuvo entonces. Así pues, los españoles no afrontaron aquellos comicios sabiendo con rotunda firmeza el resultado de la política de recortes aplicada por Zapatero durante su último año en la Moncloa: menor productividad, más pobreza, y más paro.

Lo trágico del asunto es que, un año después, el gobierno resultante de aquellas elecciones, el de un PP que las ganó prometiendo hacer lo contrario que su predecesor apelando en muchas ocasiones a argumentos lógicos y aplastantes ("subir el IVA penaliza a los que peor lo están pasando, retrae el consumo y genera como resultado más paro y más crisis", dijeron los peperos reiteradamente cuando los sociatas —perdonen la terminología, pero convendremos en que ni unos son "populares", ni los otros "socialistas"— subieron el IVA del 16% al 18%), una vez en la poltrona no solo no se desviaron del guión emprendido por sus predecesores, sino que lo aceleraron en una vorágine destructiva que nos sitúa en el alarmante estado actual.

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10 agosto 2012

Más allá de Pastor


No por menos esperada, la salida forzada de la periodista Ana Pastor de RTVE ha despertado esta semana numerosas reacciones (incluso en la prensa extranjera) y el hecho no carece de lógica. Pastor era una brillante entrevistadora y se había convertido, con sus incisivas preguntas a diestro y menos diestro (de la siniestra, en la tele, dejan salir a pocos), en uno de los escasos referentes informativos del escenario mediático estatal y símbolo del presunto camino hacia la independencia del ente público. Un camino que el PP cercenó primero con el cambio legislativo que le permitía elegir al director de RTVE mediante el empleo de su mayoría absoluta en el Congreso (antes era necesario el acuerdo de dos tercios de la cámara), y que ya se percibe tanto en los contenidos como en los numerosos cambios de personal y despidos, de los que el de Pastor es el más simbólico.

Es, cierto, una lástima, pero considero que convendría —si nuestro deseo es un mejor ecosistema mediático y no quedarnos en la superficie— poner las cosas en su justo lugar, porque si es evidente que el nuevo viraje de RTVE invita a presagiar un futuro inmediato bochornoso, no lo es menos que su reciente pasado tampoco es la panacea, y su elevado prestigio no es sino el reflejo de un panorama mediático español ciertamente infecto.

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