16 febrero 2012

Yo no quiero reaccionar como los griegos


Mientras el pasado domingo por la noche arreciaban a través de Internet las imágenes de Atenas con algunas sedes de bancos ardiendo y de centenares de manifestantes tratando de asaltar la sede del parlamento griego donde se discutía la penúltima venta a precio de saldo del futuro del país, las redes sociales se inundaban —obviamente, si uno tiene amigos de su misma cuerda o similar, porque si no igual lo que veía circular eran comentarios acerca de cualquier estúpido espacio televisivo— de mensajes de envidia. "A ver si reaccionamos como los griegos" venían a decir de diferentes modos unos y otros con toda la buena intención del mundo. Sin embargo, a mí, envidia me producían poca. Más bien al contrario, me daban pena, pues resulta evidente que su reacción —encarnada, no nos engañemos, por un puñado de valerosas personas que ante la violencia ejercida institucionalmente sobre la ciudadanía han decidido que deben defenderse en la calle y como sus propios y limitados recursos les permitan— llega bastante tarde.