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20 mayo 2014

Un robo 'menor'

El vicepresidente Ciscar, suscriptor y "vendedor" de todas las estratagemas del Consell de Alberto Fabra. 

"No hacen una a derechas". Desde el pasado viernes no consigo quitarme de la cabeza esa frase que —de estar aún con nosotros— mi iaia seguro utilizaría para definir las acciones del gobierno valenciano. Sí, mi abuela era muy de emplear esa construcción que a mí, a día de hoy, me suena retorcida, especialmente a la vista que "la derecha" hace pocas cosas precisamente bien. Pero para ella sí tendría sentido, pues aunque era muy conservadora y católica, también era muy recta, y no estaría para nada de acuerdo con cada una de las trapacerías en que se han convertido las acciones del gobierno que preside Alberto Fabra

La penúltima fue el anuncio el pasado viernes de los resultados del "barómetro de abril de 2014". ¿Que qué es eso? Les cuento. Desde hace años, algunos partidos de la oposición y alguna prensa (si no me equivoco, el último artículo al respecto lo escribí yo en Público a mediados de abril) han denunciado que los diversos gobiernos del PP en la Generalitat desde 1995 han gastado centenares de miles de euros de dinero público —en total, más de 3 millones de euros— en la realización de encuestas de opinión para su uso privado. La cosa no cambió con la llegada del presunto renovador Alberto Fabra, pero pillado en fuera de juego, su gobierno decidió la pasada semana hacer públicos los resultados —no se sabe si completos o parciales— de la última de esas encuestas y bautizarla así: "barómetro de abril de 2014".

16 enero 2014

Ahora queremos trencadís

Palau de les Arts. Foto: Alberto G. Robi

Imagine que va al carnicero, pide entrecot de buey de Kobe, el carnicero le empaqueta un trozo de carne, se lo cobra a precio de oro, y cuando llega a casa y abra el paquete se da cuenta de que el tendero lo que le ha dado en un trozo de lomo de cerdo. ¿Qué haría usted? Si al regresar a la tienda a aclarar el malentendido, el carnicero le dijera que lo siente y que le va a subsanar, pero que en lugar del buey le va a dar un par de salchichas. ¿Usted aceptaría? Pues algo similar ocurre ahora en Valencia (aunque realmente es en todo el País Valenciano, pues es a todos sus ciudadanos a escote a los que se nos ha dado gato por liebre) con el asunto del dichoso trencadís inestable del Palau de les Arts.

La historia tiene, no obstante, algunos matices. Al tendero Santiago Calatrava, lo eligió para comprar carne —edificar la Ciudad de las Artes proyectada originalmente— el gobierno socialista de Joan Lerma; pero fue el de Eduardo Zaplana (que había vehiculado su oposición al anterior mostrando —entre otras cosas— un rechazo frontal al proyecto por considerarlo excesivamente caro), el que ya con la cartera en la mano cambió los detalles de la lista de la compra y multiplicó su coste. Finalmente, sería el faraón Francisco Camps quien finalmente acudiría al tendero como si nuestra cartera no tuviera fondo y le diría "ponme lo más caro, que això ho pague jo".

21 septiembre 2011

Mejor cerrados


Desde hace semanas cualquier ciudadano que atraviese por la noche el puente de l'Assut de l'or observará una curiosa estampa: la de los edificios de Calatrava, antaño más brillantes que la luna, ahora solo iluminados por la luz anaranjada de las farolas del borde del río. Lo lógico y bonito sería pensar que nuestros gobernantes han entrado en razón y que tanto dispendio lumínico quizás era innecesario; aunque las periódicas y cada vez más habituales noticias de impagos del Consell invitan a pensar que no hay luz porque no se puede hacer frente a la factura (al igual que en el mismo marco, el Ágora no tiene sus previstas alas por el mismo motivo y no por la inutilidad de estas y el resto del conjunto).

No obstante, la oscuridad del entorno hace brillar en él un pequeño rincón del complejo. Se trata de una porción del Umbracle, su lujoso mirador, al que los administradores públicos decidieron sacar rendimiento. ¿Cómo? Alquilándolo a una empresa privada para que en él se montara una hortera discoteca al aire libre en la que pijos y wannabes valencianos se esnifaran la noche. Mi modelo de ocio es otro, lo reconozco, pero aunque sospecho que la cesión no será todo lo ventajosa para las arcas públicas que podría ser, la solución me parece perfecta.


11 mayo 2011

Bodas, bautizos y comuniones


"Es el resultado patético de una política faraónica y enloquecida". Así calificaba ayer la candidata de EUPV a la presidencia de la Generalitat, Marga Sanz, el hecho de que el Palau de les Arts se haya abierto a la celebración en sus instalaciones, de banquetes de bodas, tras salir a la luz pública que el futbolista valenciano del Real Madrid, Raúl Albiol, celebrará en ella el banquete de su enlace. Sin embargo, en esta ocasión he de manifestar mi desacuerdo con Sanz. Que el Palau de les Arts, que ha costado alrededor de 1.000 millones de euros a los valencianos aún por pagar, y que alberga en la actualidad una programación supuestamente prestigiosa (los precios de los tickets no permiten a un servidor dar fe de ello) en su calidad, pero ínfima en su cantidad, ahora sirva de sede para bodas con la finalidad de compensar el enorme déficit anual que genera en las arcas públicas, no es "una vergüenza"; es, al contrario, el broche de oro a la obra, la guinda definitiva para que la obra faraónica de Francisco Camps para el pueblo valenciano alcance su principal objetivo.

Porque qué sino convertir nuestras calles en un escenario de prensa rosa perseguía el gobierno Camps. Nos quería poner en el centro del mundo, y a ello fió millones de euros de nuestros impuestos pasados y futuros. Así en los últimos años, los valencianos de a pie hemos podido ver, siempre desde una distancia prudencial y detrás de una valla, cómo los yates de los multimillonarios se acercaban a nuestras costas para ponerse hasta arriba de productos Lidl mientras disfrutaban de la Copa América; cómo un río de pijazos asistía a la fiesta de Prada en el Mercado Central, y otro a la previa de la primera prueba de Fórmula 1 (cuando aquello todavía parecía que iba a ser un negocio, y no una ruina); también nos hemos enterado por la prensa —incluso por la progre, que albergó suplementos "de encargo" de los que liman asperezas con el poder— que la Onassis, la Casiraghi o la infanta Elena vinieron a dar saltos con sus caballitos en el sarao ese de la hípica; incluso tuvimos un estreno de una James Bond en el Palau de les Arts; por no hablar de la visita de su mismísima Santidad, recibida y tratada con mimo por Crespo y Pérez, el equipo de confianza del mismísimo presidente... Y ahora, el Palau de les Arts empezará a albergar bodas! ¡Empezando nada menos que por la de Albiol! ¿Quién mejor que esta figura, representante de las esencias valencianas a imagen del PP, para inaugurar este nuevo uso del Palau? Los famosos, las estrellas de la prensa del corazón, han salido del papel couché y ahora pisan nuestras calles; y muchos valencianos medios, igual que las pobres desgraciadas que, con una mezcla de incultura, resignación e ilusión, leen la prensa rosa para olvidarse de su triste día a día, disfrutarán ilusionados con ello; a pesar de que su vida vaya a transcurrir, si todo ese despilfarro no se detiene, en una Valencia cada vez más inhabitable. ¡Vivan los novios!