27 marzo 2009

Los trajes son lo de menos

La fiesta hace tiempo que terminó. Conviniendo -que es mucho convenir- que durante los últimos años los valencianos lo hemos pasado en grande entre regatas, rezos, carreritas y saraos de medio pelo, mientras nuestra economía se entregaba a un idilio con el negocio del ladrillo; y que nadie -es otro decir- se esperaba que después fueran a venir tan mal dadas; hasta podríamos aceptar que el hecho de que la Comunitat Valenciana haya pasado de ser la "locomotora de España" al furgón de cola de toda Europa (si asumimos, como afirma el popular Rajoy, que España es el que peor lo lleva del viejo continente, ser la comunidad que peor lo lleva económicamente en la piel de toro -como se ha constatado esta semana- ubica a la valenciana en el culo de la Unión Europea) no ha sido más que un accidente. Eso sí, que asumida la catástrofe como "accidental" e imprevista, nuestros gobernantes insitan en las mismas fórmulas que lo propiciaron para enderezar la situación, uno no sabe si los convierte en temerarios, incapaces o directamente en sinvergüenzas.

Esta semana, coincidiendo como les decía, con el anuncio de que la Comunitat era "el vagón de cola del crecimiento económico español" (el entrecomillado es porque lo cito del diario Las Provincias, por si les quedaba alguna duda), Francisco Camps aún tuvo la valentía de aprovechar un acto para anunciar que la construcción seguía siendo para él el motor de "la economía, la generación de empleo y el bienestar"; y todo tan sólo unas horas antes de anunciar, junto a su secuaz Rita Barberá, que estaba dispuesto a entregar 20 millones de euros de dinero público al millonario suizo Ernesto Bertarelli para que celebre unas nuevas regatas -ni siquiera bajo el paraguas del fiasco de la Copa América- este verano en Valencia (un dispendio absurdo en el que el gobierno central, haciendo uso de la sensatez, se ha mostrado contrario a participar). Viendo como esta gente lleva el timón de la sociedad valenciana (que arrastra a su vez para abajo al resto de España), ¿creen que deberíamos preocuparnos tanto de si este señor y su número dos se han pagado los trajes? Eso, como mucho, sería la punta del iceberg.

3 comentarios:

Oxímoron dijo...

Cuando te referías a que los trajes eran lo de menos, más que en el gasto ínfimo que hubieran podido acarrear, pensaba en que si la mentira (presunta) en puestos de alta responsabilidad política tuviera por estos lares la misma relevancia que en el mundo anglosajón algunos deberían estar ya temblando. Coincido en que abonar o no las facturas de los trajes no acabaría siendo tan enjundioso como las sistemáticas soberbia y ofuscación al negar ciertas acusaciones.

Aprendiz de Mucho dijo...

Buenas tardes, es la primera vez que te visito, (Gracias a mandibula afilada) pero no la ultima (eso espero). Totalmente de acuerdo con el post, pero hay otra cosa que me preocupa mas si cabe.¿Es de fiar un politico con un precio tan bajo?. ¿Comprar a un President de Generalitat sólo vale 12.000 euros?. Casi me fiaría más de Zaplana (Dios lo mantenga en su telefónica)

DE TOT UN POQUET dijo...

Hi he arribat de casualitat ací. I hi compartesc el que dius...

ara bé... pense que tot quedarà en res... i si no, mireu com li ha anat a Saplana.

Bona nit