
Andaba ayer el último Premio Nobel de economía, Paul Krugman, por España, y manifestó de nuevo sus previsiones sobre el futuro inmediato de la situación financiera occidental (decir "mundial" es ofender a los pobres que también lo eran cuando aquí vivíamos muy por encima de nuestras posibilidades también sin pensar en ellos); un futuro que veía muy negro para occidente en general y aún peor para España (por su modelo económico escasamente competitivo) en particular. Nada que objetar. No obstante, el Nobel ofreció entre las recetas para propiciar una mayor competitividad al sector productivo español y una más próxima salida de la crisis la consabida rebaja de los salarios, lo que inmediatamente se tradujo en la habitual reacción de protesta. ¿Pero por qué?
La explicación es sencilla: el ciudadano medio español cree que siempre tiene las de perder. ¿Que se van a subir los impuestos? Seguro que serán los que le afecten. ¿Que se van a rebajar los salarios? Seguro que serán los de los trabajadores rasos o de los puestos inferiores. Y razón para creer en ello no les falta. No hay español vivo que haya experimentado algo distinto tanto en la dictadura, como en los distintos gobiernos de la democracia, ya fueran de derechas o de menos derechas. Pero no necesariamente ha de ser así. ¿Por qué no se regulan por ley los salarios? En España se produciría una importante rebaja salarial simplemente con que se prohibiera que el sueldo máximo del empleado en una empresa (pluses, extras y dietas incluidas) multiplicara por seis el sueldo que cobrara el empleado más bajo. Y quien dice seis, dice cuatro o dice ocho. ¿No es obsceno que con el sueldo de algún directivo se puedan pagar a cientos de empleados que trabajan en sus mismas empresas? ¿Merece un directivo cuya empresa genera empleos de 750 euros al mes cobrar más de 4.500? ¿Son 4.500 euros al mes pocos si es un alto cargo el que los cobra?
El presidente José Luis Rodríguez Zapatero estaba delante de Krugman cuando propuso la rebaja de salarios y, sabedor de lo que supondría pasar esta apreciación por alto sin apuntar nada, cuando le tocó su turno, soltó las consabidas frases sobre la protección a los más débiles. No se le ocurrió que, como socialista -es lo que dicen-, puede permitirse pedir más a los más poderosos. Creo que a sus votantes les parececería muy bien, pero lamentablemente, sigue sin suceder.
Foto: EFE
La explicación es sencilla: el ciudadano medio español cree que siempre tiene las de perder. ¿Que se van a subir los impuestos? Seguro que serán los que le afecten. ¿Que se van a rebajar los salarios? Seguro que serán los de los trabajadores rasos o de los puestos inferiores. Y razón para creer en ello no les falta. No hay español vivo que haya experimentado algo distinto tanto en la dictadura, como en los distintos gobiernos de la democracia, ya fueran de derechas o de menos derechas. Pero no necesariamente ha de ser así. ¿Por qué no se regulan por ley los salarios? En España se produciría una importante rebaja salarial simplemente con que se prohibiera que el sueldo máximo del empleado en una empresa (pluses, extras y dietas incluidas) multiplicara por seis el sueldo que cobrara el empleado más bajo. Y quien dice seis, dice cuatro o dice ocho. ¿No es obsceno que con el sueldo de algún directivo se puedan pagar a cientos de empleados que trabajan en sus mismas empresas? ¿Merece un directivo cuya empresa genera empleos de 750 euros al mes cobrar más de 4.500? ¿Son 4.500 euros al mes pocos si es un alto cargo el que los cobra?
El presidente José Luis Rodríguez Zapatero estaba delante de Krugman cuando propuso la rebaja de salarios y, sabedor de lo que supondría pasar esta apreciación por alto sin apuntar nada, cuando le tocó su turno, soltó las consabidas frases sobre la protección a los más débiles. No se le ocurrió que, como socialista -es lo que dicen-, puede permitirse pedir más a los más poderosos. Creo que a sus votantes les parececería muy bien, pero lamentablemente, sigue sin suceder.
Foto: EFE
3 comentarios:
Me parece muy coherente tu reflexión sobre los sueldos, a la que podríamos añadir, si me permites y aunque suene a tópico, que es a causa de su constante magritud (o rebaja, como se prefiera) por lo que se consume menos y, en obvia consecuencia, se produce menos. Nunca los poderosos han sido mantenedores del consumo. Saludos.
P.D. Tomo, con tu permiso, el post "¿Y ellos?".
La crisis es un tremendo problema, pero como muchos hemos dicho desde el primer día, también una oportunidad increíble para tomar muy buenas medidas. Lamentablemente por ahora no parece que se haya tomado una sola que suponga una verdadera ruptura con el pasado. Y por desgracia, tampoco se vislumbra ninguna a la vista.
Sin problema con la imagen. La hice en caliente y a lo largo del día se me han ocurrido una infinidad de preguntas a añadir. Seguro que tú y tus lectores podéis aportar un montón.
Sobre todo habría que ajustar los salarios de los empleados públicos, y me refiero a funcionarios de toda índole, maestros,... En muchos casos no guarda ninguna proporción su sueldo ni con la cantidad de trabajo que realizan ni con la escasa responsabilidad que asumen, y esos salarios los pagamos entre todos !!!!
Publicar un comentario