Desde que la pasada semana Miguel Sebastián salió en rueda de prensa a proponer que los españoles traten de sustituir en su habitual bolsa de la compra algunos productos extranjeros por otros de fabricación o elaboración nacional, al ministro de Industria, Turismo y Comercio le han caído como panes. Y a discreción. Por un lado surgieron los que, aunque de estar en su lugar propondrían lo mismo, desde la oposición tienen que buscarle tres pies al gato, y apuntaron que la propuesta animaría a reducir aún más los límites para que vascos o catalanes -nada hay para estos políticos tan efectivo de cara a su electorado más limitado que mentar a la bicha- sólo consuman sus propios productos. Por el otro, en cambio, surgieron los técnicos y los defensores del libre mercado, criticando su propuesta por inexacta, por hablar de un mercado que no funciona como dice el ministro (pocos productos manufacturados se hacen en un solo país, etc).
De ambas críticas es sin duda la segunda la que tiene unos argumentos más razonables, habida cuenta de que el ministro expuso su propuesta uniéndola a cifras (ver la noticia) que la revestían de un carácter llamémoslo científico. Sin embargo, aunque discrepe del planteamiento del ministro, a mi parecer el fondo de la propuesta de Sebastián no es malo. Y es que, en la situación económica que atraviesa el país no está de más hacer una llamada de atencion a la ciudadanía de que todos nuestros actos, empezando por el consumo, tienen repercusiones en nuestra economía. Si uno, cuando llega el momento de hacerle un regalo al hijo o al sobrino, decide solucionar la papeleta en un chino comprando un trasto por tres o cuatro euros, pues hombre, seguramente en Ibi no habrá generado mucho beneficio. O si, cuando tiene que amueblar su casa, sin plantearse si quiera pasear por los comercios de los fabricantes de la zona coge el coche y se dirige a Ikea, pues seguramente habrá generado más trabajo a los embaladores suecos y a los indios que fabrican las piezas de los muebles en condiciones infrahumanas. Por poner sólo dos casos*.
Vamos, que no veo que esté de más que, con más diligencia, sencillez y claridad, se explique a los españoles, porque la mayoría no lo sabe, que los ciudadanos no sólo podemos lamentarnos de lo mal que andan las cosas, sino que podemos, con nuestros actos, hacer que cambien un poco, porque somos en parte responsables de ellas. Imaginen, por ejemplo, que Kraft temiera que, por llevarse su fábrica de Mahón y dejar a centenares de empleados en la calle, los españoles dejarían de comprar sus productos de El Caserío. ¿Creen que en ese caso cerrarían la empresa en Menorca y la trasladarían su producción a otro país? No. En cambio la han cerrado. A mí, personalmente, me parece que hay una lección de economía bastante sencilla todavía pendiente de explicar antes de ponernos todos a rasgarnos las vestiduras por una imprecisión.
*La calidad, competencia, etc. de los productos y las empresas nacionales, que de todo hay, serían materia de otra entrada.
26 enero 2009
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3 comentarios:
Es un análisis muy sencillo y que todos tendríamos que tener en cuenta. Valorando desde luego la calidad de los productos.
Un saludo
Hola! Ens ha agradat molt el teu blog. Des d’Antella(Ribera Alta), tenim un espai des d’on demanem la dimissió de la que és l’actual alcaldessa d’Antella. Si sovint podem trobar alcaldes, totalitaris, intolerants, maleducats… la nostra supera tot allò conegut fins al moment. Us demanem feu difussió del nostre BLOG, en la mesura de les vostres possibilitats. Gràcies.
Pues sí, Sebastián esta vez ha hecho una propuesta inteligente. Un poco cogida con pinzas por el hecho de que hay cientos de productos que están realizados con materias, empleados y capital de varios países. Pero hay otros productos que los españoles sabemos que aquí se fabrican por entero e igual de bien, y no los compramos.
Además, que los juguetes de los chinos muchos son hasta peligrosos, y también tienen esos precios tan asequibles por las condiciones lamentables de trabajo de sus elaboradores.
Sobre Ikea, además de las condiciones de sus trabajadores en países sub desarrollados...oye, que es más barato, pero tengo que gastar gasolina y tiempo en ir a buscarlo, comprarlo, traerlo, desembalarlo y montarlo. Así yo también vendo barato. Con lo que me gusta a mi que las camionetas de muebles Ar o muebles Satur pare en mi casa, me suba los trastos y me lo monte y coloque en la habitación, con ese olor a serrín tan agradable que queda después...
Y fuera de romanticismos, la mayoría de las veces, lo único que tendríamos que hacer los ciudadanos, además de patalear, es leer un poquito, solo un poquito, y pensar un poquito, solo un poquito. Pero se ve que cuesta.
P.D: ya sé que es una putada, pero tampoco dejen de comprar absolutamente todo a Kraft! Que entonces salen perjudicados los industriosos de la algarroba y derivados que en España no son pocos, y no están tampoco para bromas!! (Es todo tan complicado...)
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