13 enero 2009

Firmas que no valen nada

Durante muchos meses me negué, pero finalmente, hace unos días, abrí una ficha personal en Facebook. Mi recelo inicial se debía a los informes que me habían llegado por muchos frentes. Que si no sirve para nada, que si te dan la paliza, que si es una invasión de la intimidad... Demasiada faena y muy poca satisfacción para un tipo que se pasa ya un buen rato delante del ordenador para juntar un puñado de líneas. Pero como les digo, bastó que un grupo de colegas al que tengo aprecio me insinuaran que no pasaba nada (al tiempo que me hicieron sentirme un bicho raro por no tenerlo), unido al factor de la curiosidad -creo que el principal atractivo inicial del artefacto, cuyas interioridades no puedes vislumbrar si primero no te has integrado-, para que finalmente cayera en la tentación.

Y qué quieren que les diga. A un servidor, que no está interesado en molestar a viejos compañeros de instituto que seguramente tengan la suerte ya de haberle olvidado, o de resucitar alguna vieja pasión con alguna ex pareja que quizás tenga la misma fortuna, el invento le aporta poco. Sí, tiene cosas buenas, como tener a mano a los colegas que están en el ajo y poder enviarles mensajes o correo con bastante facilidad, pero por lo pronto poco más. No obstante, y sin entrar en más detalles, lo que más me ha llamado la atención y al tiempo mosqueado, es la característica del portal de permitir a sus usuarios sumarse a "causas".

Por ejemplo, el otro día, después de que lo propusieran varios contactos, me sumé a una titulada "Reunamos 500.000 formas para apoyar a los palestinos en Gaza", que por entonces ya reunía prácticamente esa cantidad de suscriptores y hoy ya los supera con creces. Lo hice para ver qué sucedía y, como imaginaba, nada ha pasado. ¿Dónde van a parar todas esas "firmas"? ¿Sirve eso para algo? Lamentablemente, tras navegar por la red no he podido encontrar una respuesta satisfactoria (lo cierto es que no he encontrado ninguna), por lo que lo más probable sea que Facebook, pese a ser un excelente sistema piramidal de captación de usuarios y de difusión de mensajes, hasta ahora sirva de muy poco para estos menesteres. Es más, si tan solo uno de los usuarios de esta red social deja de aportar su apoyo a través de organismos que trabajan por este tipo de causas y son interlocutores reconocidos (como Amnistía Internacional), por sentir que ya han cumplido firmando en cualquiera de estos grupos carentes de validez legal, Facebook, como instrumento de mejora social, será contraproducente. No caigamos, si estamos metidos en esa red, en la trampa de difundir estas falsas "firmas". Y luego, si queremos, sigamos cotilleando.

PD: Amnistía Internacional tiene en marcha ahora un importante número de ciberacciones que pueden firmar (accedan a ellas a través de esta página). Como verán, el número de firmas recogidas, que sí llegan a las autoridades competentes, es tristemente inferior al de muchas campañas de Facebook.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya nos contarás tu experiencia. Yo estaba en la misma duda que tú, y sigo en ella. Quizá sean prejuicios. Saludos.

Anónimo dijo...

Efectivamente, no hay que olvidar que Facebook es una empresa privada a la que le importan un pito (probablemente, tampoco estoy seguro) todas estas acciones. Lo que ocurre es que somos imbéciles y empezamos a hacer rular cadenas de estas (de las que sobrevive Facebook), igual que antes se hacía con aquellos horrores sobre que si tal niño necesitaba un transplante de médula y cada vez que enviaras el mail correspondiente no sé qué institución le daba un centavo a los padres del niño para que pudieran pagar el tratamiento (que digo yo que qué hijos de puta los de la fundación, ya podrían darle el dinero y santas pascuas). Afortunadamente, cada vez hay menos gente que cae en esas chorradas.

Que me desvío del tema. Es triste que esas iniciativas tengan éxito en Facebook y las reales no salgan adelante.

Harina de otro costal es que yo también tenga una ficha en esa página y sea bastante activo (porque uno tiene la desgracia de ser obsesivo-compulsivo y le da igual que sea Facebook, hacer kilómetros con la bici o leerse la biografía completa de Jung). Lo mismo que otros se enganchan al Twitter, a los blogs o a los chats.

Vicent Baydal dijo...

Però això potser és més qüestió dels mitjans de comunicació, que no estant atents a noves realitats per copsar les opinions socials, que no del mateix Facebook -que particularment sí que em sembla que és una miqueta perillós pel que fa a la invasió de la privacitat-.

I tornant a això dels mitjans, ho deia perquè per exemple durant la meua estada a Itàlia vaig comprovar que dia sí i l'altre també hi havia un reportatge sobre el facebook a la premsa: la utilització que en feien els músics, els escriptors, els polítics, les causes i la quantitat de subscriptors, etc.

Val a dir, que la realitat del suport a una causa hi és, però -com succeeix amb tantes altres demandes reals- no "existeixen" fins que els grans mitjans se'n fan ressò.

Comtessa d´Angeville dijo...

Pos jo en una de estes coses del facebook vaig trobar a un examiguet després de fer-me fan de la bajoca farcida que només pel reencontre ja ha valgut la pena.

Anónimo dijo...

Pues yo aún resisto, y eso que me llegan propuestas indecentes, como dos o tres veces al día, del Tuenti, el hi5, el facebook, el badoo, y la madre que los parió a todos. Y a mi no me apetece, digamos que ya "pasé esa época" y bien escaldada que quedé. Dios, hasta ex y ex-ex me envían invitaciones a visitarlas. Imagino que, como me ha dicho hoy mismo una amiga sobre esto, todas las modas pasan.
Pero si tú y yo rompimos, o nosotros dejamos de hablar y de quedar dos años después del bachiller, ¿no has pensado en que a lo mejor fue por algo? Respecto a la invasión a la intimidad, supongo que depende de donde cada uno ponga sus límites y cómo de burros sean sus contactos, pero a mi sigue mosqueándome, sobre todo desde que me enteré que hasta la CIA la usa. Que les den.
Vivan los blogs.