31 diciembre 2007

De vuelta

La pasada semana estuve fuera, de vacaciones. Dividí mis días entre dos ciudades que me encantan, Ourense y León, y en ambas encontré el descanso que buscaba. En la primera, paseando tranquilamente por el interminable entramado peatonal de su precioso casco histórico, por el que a penas pasan vehículos que no sean de los servicios municipales de limpieza. En la segunda, disfrutando también de su centro, también peatonal e igualmente limpio y bien cuidado, por el Ayuntamiento y sus ciudadanos. En ambas comí muy bien y, además, barato, con el aliciente leonés de las tapas (hasta en la cafetería de su pequeño aeropuerto nos sirvieron una tapa al pedir un par de refrescos), algo que se aprecia más cuando uno está acostumbrado a la racanería de la hostelería valenciana. Como guinda, me concedí una noche de fiesta extra en León y disfruté de la fiesta del Barrio Húmedo, especialmente del buen rock que se pincha en El Local y en el ya legendario Crazy Town, en el que puedo dar fe de que no se pone un tema de los beneficiarios de la SGAE (gracias por pinchar a los Hellacopters).

Finalmente, ayer por la tarde regresé a Valencia en avión y en el aeropuerto cogí el metro para llegar hasta mi domicilio. Y no les miento si les digo que desde que subí al vagón en la terminal hasta que llegué a mi parada de destino -Mediterrani- transcurrió una hora (veinte paradas), en la que no faltó un transbordo que se hizo eterno y un frenazo inesperado causado por un imbécil que no bajó a tiempo del tranvía e hizo uso del freno de emergencia, anteponiendo su propio interés al del resto del pasaje y a la seguridad de todos. Cuando llegué a mi portal, tras evitar con acierto pese a la dificultad, que las ruedas de mi maleta no pisaran alguna de las decenas de cagadas de perro que inundan las aceras. no me cabía ninguna duda, ya estaba en casa.

Pero descuiden, intentaré dosificar un poco del humor que me queda para afrontar el principio del año que en unas horas empieza. Gracias a todos por haberme acompañado este 2007 y haberme animado con ello a seguir escribiendo. Que tengan una buena entrada del 2008. Y que sólo sea el principio de algo mejor.

La Plaza del Hierro, en Ourense (la foto es de la web de Blanca Rodríguez)

21 diciembre 2007

Zaplana y El Corte Inglés

"Si pensaban regalar el libro sobre las corruptelas de Eduardo Zaplana, sepan que lo van a tener un poco más difícil. Contra toda lógica comercial, El Corte Inglés ha ordenado retirar de sus tiendas todos los ejemplares de Zaplana, el brazo incorrupto del PP, escrito por Alfredo Grimaldos. Pídanlo y verán las excusas marcianas que les dan. «Se nos han acabado» (mentira); «la editorial ya no tiene más» (increíble); «no lo tendremos ni lo vamos a tener» (insólito). ¿Por qué esa falta de atención a los clientes? No sé exactamente qué datos desvela el libro, pero de pronto me han entrado unas ganas terribles de pedírselo a los Reyes Magos. Es lo que tienen las decisiones drásticas y mal justificadas cuando se toman sobre cosas tan sensibles como la libertad de expresión. Despiertan indignación, sospecha y hasta ganas de leer. No me digan que no tienen curiosidad por conocer los puntos negros del ex presidente de la Generalitat. ¿Vencerá la presión política a las leyes del mercado? Preguntaré en almacenes y librerías."

María Almenar en ¿Y el libro de Zaplana?, su columna de hoy en 20 Minutos.

PD: Hace algunos días, Alberto Noguera ya escribió una entrada sobre el libro.

18 diciembre 2007

Cambien de moneda

A principios de este mes una noticia trascendental pasó desapercibida con la connivencia de los medios de comunicación, porque no interesaba si quiera que la gente la recordara: En Cataluña, el Consell Consultiu de la Generalitat consideró que sería inconstitucional el punto más trascendental de su proyecto de Ley de la Vivienda, el que fomentaba el alquiler forzoso de los pisos que lleven un determinado tiempo vacíos sin justificación.

Ese punto, y sólo ése, es el que mejor favorecería el cumplimiento del artículo 47 de la Constitución que empieza diciendo que "todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada". Y es la medida más efectiva para rebajar los precios de las viviendas, pues al aumentar la oferta de pisos en el mercado -sólo en Valencia, por ejemplo, hay más de 200.000-, su precio bajaría y se ajustaría al precio real. ¿Y qué fomentaba? Pues algo tan sencillo como que no se pudiera especular con un bien como la vivienda, acaparar pisos y mantenerlos vacíos sin justificación (no se preocupe señor, que nadie le iba a quitar su apartamento de verano, que eso sí está justificado) sólo para beneficiarse del encarecimiento de la vivienda que ello pudiera generar.

Pero no, "eso es inconstitucional", dice el citado Consell, y aunque a todas luces parezca una barbaridad que lo que más fomente uno de los derechos de la Constitución se considerece contrario a ella, los medios de comunicación silencian el hecho y siguen hablando de que existe un problema con la vivienda. Eso sí, publicitan cualquier estúpida medida de las que indistintamente promueven PSOE y PP en las comunidades autónomas que gobiernan. Medidas que se resumen básicamente en una: el fomento de la construcción de VPOs con fondos públicos. Vamos, que aunque la gente no compre los pisos que ya sobran, los gobiernos de ambos partidos gastarán los impuestos de todos en seguir manteniendo a los constructores para que sigan haciendo casas, ahora de VPO, pero a precios estratosféricos, para que los constructores "no pierdan dinero". Eso sí, los especuladores seguirán manteniendo sus pisos vacíos y la vivienda cara, como manda la Constitución, aunque no sé en qué párrafo.

Y es que la consigna en los medios es que no hay alternativa. O PSOE/PP o el caos, parecen asegurar al no prestar ninguna atención a las decenas de partidos restantes o sólo hacerlo para tratarlos con desprecio.

Por eso ahora, cuando estamos a meses para las elecciones, escuchamos a unos y otros prometer que solucionarán el problema de la vivienda, aunque no lo hagan ni en el Estado, en que gobiernan unos, ni en las comunidades autónomas, donde gobiernan unos y otros. Y es básicamente porque la política de los dos grandes partidos es la misma. Lo es en los impuestos (ambos favorecen a los más poderosos anunciando que les quitarán el impuesto de patrimonio) y lo es en la vivienda, en la que blindan los intereses de los constructores y de los especuladores.

Claro que eso no es lo que escucharán en los grandes medios de comunicación. En ellos los contertulios celebran ya sin rubor que vaya a celebrarse un debate televisivo entre Zapatero y Rajoy, como si fueran dos grandes alternativas, muestra de la gran pluralidad que hay en nuestro país. Ya discutirán de asuntos vacuos -banderas, religiones, nacionalismos, monarquías, etc.- para movilizar a las bases más mentecatas del electorado, incapaces de darse cuenta de que son dos caras de la misma moneda; una moneda que caiga del lado que caiga, siempre permite que ganen los mismos.

¿Quieren que cambien las cosas? Sólo hay una solución: cambien de moneda. Ya lo he dicho pero lo repito: hay decenas. Si no, apechuguen con las consecuencias y no vayan después llorando.

PS: Perdonen el rollo, pero asistir a diario a debates que sitúan el debate político en si un euro de propina por dos cafés es mucho o poco, o ver como los fans entusiastas del rey Don Juan Carlos miran con cara de bobos como el Rey saluda efusivamente a Gadafi en lugar de mandarle callar con su campechanía habitual, acaba con la paciencia de cualquiera.

Como de la familia

"El portavoz del PP en las Cortes, Esteban González Pons, y su mujer celebran sus primeras navidades como matrimonio. Son fieles a la tradición y para la Noche de Reyes ya tienen regalo: el anuncio de su embarazo. Cada noche del 24 de diciembre 30 adultos y ocho niños se reúnen en la finca del centro de Valencia donde todos lo vecinos del edificio son de la familia, «al más puro estilo italiano», bromea Pons. Sólo cambia la casa, que va por turnos. Este año toca en la de la tía Eugenia y el tío Álvaro. (Foto: Benito Pajares)"

Hoy en la edición de la Comunitat del periódico El Mundo, dentro de su especial "Navidades en casa de...". Todo esto y mucho más a diario en la prensa valenciana.

13 diciembre 2007

Vistazos - 13 diciembre

  • "Rodríguez Zapatero se prepara para las elecciones generales del próximo marzo y los pasos que da son unívocos: proclama a bombo y platillo que Solbes volverá a estar con él (pero con más rollo tecnocrático todavía), recupera a Bono (que ya está enredando de nuevo, postulándose como sucesor), anuncia reformas fiscales gratas al empresariado y a la gente de posibles…

    Es obvio que el aspirante a repetidor en la Moncloa desea tranquilizar a eso que llaman “centro”, que no es otra cosa, en realidad, que la derecha sociológica moderada. Se ve que le han dicho que tiene a esa gente un poco asustada por las dos o tres veleidades progres que se ha permitido durante la legislatura y que debe corregirlo para presentarse más impoluto ante las urnas."

    Continúa leyendo sobre el viaje de Zapatero y de la sociedad española al centro derecha en ¡Elígeme, tonto! la columna de ayer de Javier Ortíz en Público.

  • "No sé si se acuerdan, pero hubo un tiempo en el que pagar impuestos estaba bien visto. No solo porque proveía de los recursos necesarios para financiar los servicios públicos básicos, posibilitando así que las personas con rentas bajas pudieran acceder a éstos en condiciones equivalentes a las de las familias más pudientes. También porque el propio impuesto sobre la renta actuaba, en sí mismo, como un importante factor redistribuidor al exigir a las familias una contribución al erario público proporcionalmente creciente en función de sus ingresos.

    De este modo, ambos elementos, gastos e ingresos públicos, se convirtieron en el principal mecanismo de lucha contra la desigualdad y la exclusión social, conformando el núcleo duro de la llamada Economía del Bienestar, uno de los conceptos mejor valorado por los europeos, sobre todo por esa mayoría de población que jamás hubiera lograd
    o un modo de vida digno utilizando exclusivamente sus propios medios."

    Así empieza la columna de Andrés García Reche -titulada Impuestos- publicada en El País el pasado martes, en la que resume muy bien como el sistema está desmantelando el Estado del Bienestar con el beneplácito de una población que se está dejando engañar. Les recomiendo que la sigan leyendo.

  • Finalmente no deben perderse la entrada de ayer de Vicent Baydal en Vent D Cabylia. Titulada El tranvasament de l'Ebre, el progrés, els Monegros... hace un repaso certero a toda la hipocresía que rodea a algunas de las diferentes posturas políticas enfrentadas alrededor del trasvase del Ebro. Desde la falaz propaganda del gobierno valenciano, a la también falaz defensa del ecosistema que propugnaba el gobierno aragonés y que se ha transformado en el deseo de realizar un complejo turístico y de ocio de enormes dimensiones en pleno desierto de Monegros (un complejo al más puro estilo Zaplana que ya imaginan de qué agua beberá). Como siempre, del cuidado de los recursos naturales y del ecosistema sólo nos acabamos interesando unos pocos ciudadanos.

11 diciembre 2007

Transporte público o caos

Leía el domingo en la prensa un artículo en referencia a la enorme congestión de tráfico que se vive a diario en el centro de Valencia. En él, los agentes encargados de regularlo, apuntaban que se esperaba que el problema se incrementara considerablemente estas navidades. Pero esa realidad, antes que espantarme, se me antojó como una posibilidad única para que el Ayuntamiento de la ciudad tomara de una vez por todas una medida para implementar el transporte público.

Es evidente que a la situación actual se ha llegado por la desconfianza total y absoluta de los ciudadanos en la red de transporte público. No hace ser un gran conocedor de la realidad social valenciana para constatar que más de la mitad de los ciudadanos que lo no utiliza nunca (en sus formas más populares de metro y autobús), mientras que, de la otra mitad, sólo una pequeña porción lo utiliza habitualmente, quedando el resto que lo hace de modo esporádico. Sólo eso -o la resignación al hecho de tener unos gestores nefastos- justificaría que pocas veces los usuarios lamenten frecuencias de paso de veinte minutos en paradas de metro de Valencia (frecuencia un 700% más elevada que la habitual en las redes de Madrid o Barcelona): sólo lo utilizan aquellos a los que no les queda otro remedio.

Pero ahora, cuando se ha tocado literalmente fondo, cuando se presume de interés en liderar el cambio climático, cuando se quiere alardear de ciudad turística, este caos de tráfico proporciona una inmejorable oportunidad para tomar medidas drásticas. La peatonalización del centro o la imposición de una tasa para poder circular por sus calles, acompañadas, evidentemente, de una fuerte inversión en transporte público -que no sería tal, pues el notable incremento en su consumo la sufragaría-, son medidas que grandes ciudades europeas han adoptado ya con éxito. Eso sí, son medidas valientes, que de primeras siempre se encuentran con el rechazo de una gran parte de la población, pero que bien explicadas y respaldadas por unos resultados que no se hacen esperar, acaban cuajando y recibiendo el aplauso y el beneplácito de los habitantes de la ciudad.

¿Tendrá Rita Barberá la categoría política para liderar un cambio como éste u otro similar, o simplemente habrá que considerarla como la alcaldesa que estuvo al frente de la ciudad cuando ésta se sumió en el caos?

¿Derecho de pernada?

Hace meses se la oí decir al entrenador de fútbol Quique Sánchez Flores -la versión autóctona de Valdano- y ya me chirrió. Y ahora, cuando la leo en el blog ciudadano de la recién inaugurada edición valenciana de El Mundo, vuelve a irritarme. Aunque el Diccionario de la RAE recoja que de la expresión se hace un uso coloquial asignándole el significado de "ejercicio abusivo del poder o de la autoridad", el empleo de la construcción "derecho de pernada" para referirse a cualquier cosa excepto al "derecho" al que hace referencia, siempre me ha parecido un tanto desagradable.

Y es que en la mayoría de los casos la escuchamos en boca de personas que podrían decir o escribir simplemente "eso no le da derecho/carta blanca para hacer tal cosa", pero creen que parecen más brillantes o eruditos al añadir la coletilla "de pernada". Una coletilla que viene a significar literalmente que "eso no le da el derecho que tenían algunos señores feudales a acostarse con la mujer recién casada con uno de sus vasallos en la noche de bodas". Vamos, algo tan absurdo como añadir la coletilla "civil ("eso no le da derecho civil para hacer tal cosa"), pero bastante más desagradable. Efectivamente, puede estar admitido como un desacertado uso coloquial, pero que debería tratar de obviarse por parte de los que viven del lenguaje.