16 enero 2014

Ahora queremos trencadís

Palau de les Arts. Foto: Alberto G. Robi

Imagine que va al carnicero, pide entrecot de buey de Kobe, el carnicero le empaqueta un trozo de carne, se lo cobra a precio de oro, y cuando llega a casa y abra el paquete se da cuenta de que el tendero lo que le ha dado en un trozo de lomo de cerdo. ¿Qué haría usted? Si al regresar a la tienda a aclarar el malentendido, el carnicero le dijera que lo siente y que le va a subsanar, pero que en lugar del buey le va a dar un par de salchichas. ¿Usted aceptaría? Pues algo similar ocurre ahora en Valencia (aunque realmente es en todo el País Valenciano, pues es a todos sus ciudadanos a escote a los que se nos ha dado gato por liebre) con el asunto del dichoso trencadís inestable del Palau de les Arts.

La historia tiene, no obstante, algunos matices. Al tendero Santiago Calatrava, lo eligió para comprar carne —edificar la Ciudad de las Artes proyectada originalmente— el gobierno socialista de Joan Lerma; pero fue el de Eduardo Zaplana (que había vehiculado su oposición al anterior mostrando —entre otras cosas— un rechazo frontal al proyecto por considerarlo excesivamente caro), el que ya con la cartera en la mano cambió los detalles de la lista de la compra y multiplicó su coste. Finalmente, sería el faraón Francisco Camps quien finalmente acudiría al tendero como si nuestra cartera no tuviera fondo y le diría "ponme lo más caro, que això ho pague jo".

14 enero 2014

Los que no ganamos ni perdemos nada

En los últimos días hemos podido escuchar a personajes como Gran Wyoming o Iñaki Gabilondo emplear —conscientemente o no— la terminología de uno de los bandos en sus espacios.

La derecha más rancia, retrógrada, antidemocrática y belicista, inventó la terminología. "Hay que vencer", "tienen que ser derrotados" repitieron durante años en una letanía totalmente adecuada a su ideología: desde hace mucho tiempo, durante el franquismo y aún antes, habían emprendido una guerra contra aquellos que pensaran diferente, que tuvieran otras sensibilidades. Solo deseaban verlos derrotados y humillados. 

Abrieron  así múltiples frentes —contra la cultura, contra la izquierda, contra el progreso, contra la emancipación de la mujer, en definitiva, contra las libertades de pensamiento— y encontraron muchas reacciones... Y una de ellas, especialmente beligerante, se decidió a combatir en el mismo tablero, el del terror y la muerte. 

01 enero 2014

La penúltima nochevieja de la alcaldesa


Un cuento (o no)

Cuando Ana, Marisa y Jacinto llegaron a la plaza del Ayuntamiento poco antes de la medianoche, ésta ya estaba tomada por la gente. La había en la zona central, la habilitada para la pirotecnia de las mascletades desde principios de marzo, pero también en medio de la calzada. Y eso que no había convocatoria oficial ni dispositivo para velar por la seguridad de los presentes. Lo que habían oído era, pues, cierto: aunque las autoridades municipales nunca hubieran programado nada, mucha gente, entre vecinos y turistas, venían reuniéndose en cantidades cada vez más generosas cada 31 de diciembre en la plaza consistorial, la más grande y céntrica de Valencia, para dar la bienvenida al año nuevo. 

24 diciembre 2013

Con los mejores deseos


"Cuando empiecen a aparecer en tienducas y baretos de barrio carteles de "No se atiende a gentuza del PP", cuando se empiece a aislar a compañeros de trabajo o vecinos peperos, cuando se deje de invitar a las cenas de Nochebuena a los familiares del PP... Entonces de verdad habrá empezado la respuesta social..."
Jónatham F. Moriche

Quizás no haga falta ponerse tan bronco, pero lo cierto es que la propuesta de Moriche no va desencaminada. Si queremos conseguir que un partido político aparentemente montado para cometer actividades delictivas deje de gobernar el Estado español, si queremos acabar con su gestión antisistema (del bienestar) y saqueadora del dinero público (Comunidad de Madrid, Islas Baleares, Castilla La Mancha, País Valenciano, etc.) y sus políticas anticonstitucionales (contra el derecho al trabajo, la vivienda etcétera) y "promuerte" (belicistas, antiabortistas, machistas, etc.); aislar a sus votantes y simpatizantes —que se sientan apestados por ser cómplices y responsables del mal que nos afecta a prácticamente a todos menos a un puñado de privilegiados— sería una de las primeras medidas efectivas para conseguirlo. 

26 noviembre 2013

RTVV: inútil hasta el final


La leyenda —ampliamente extendida entre la ciudadanía valenciana y foránea durante las últimas semanas— aseguraba que los informativos de Nou (la versión maquillada del Canal 9 de toda la vida) eran, desde que se anunció el inminente cierre de Radiotelevisión Valenciana, un alarde de pluralidad frente al maniqueísmo propagandístico que —entre otros muchos factores— llevó al canal y al ente al abandono ciudadano y la ruina. 

Pero lo cierto es que en el informativo de mediodía de ayer lunes en Nou —a falta de 48 horas de que el PP pudiera ratificar en las Cortes Valenciana la ley que permita el cierre— la noticia de la condena de Carlos Fabra a cuatro años de prisión, solo se desarrolló después de media hora de iniciado el informativo, y la pieza dedicada al asunto duró menos que el resumen del partido de fútbol disputado entre "el Elche" y "el Valencia" el día anterior. 

07 noviembre 2013

Por una RTVV digna (después de ésta)


El gobierno valenciano lo anunciaba a su manera, con una nota de prensa repleta de falacias y sin posibilidad de preguntar: RTVV se cerraba. Ya no era un ERE masivo, era el fin, el persianazo definitivo al sueño de la radiotelevisión pública plural y en valenciano que nunca fue. Y entonces, entonces sí, los trabajadores que quedaban en el ente tomaron el control tanto de la radio como de la televisión públicas. Parte de la ciudadanía, especialmente los colegas de los afectados, reaccionaron con sorpresa al hecho de que, por boca de los otrora propagandistas de Zaplana, Camps y compañía, afloraran ahora los calificativos de corruptos asociados a aquellos nombres, amén del reconocimiento de alguna manipulación largos años silenciada. Sin embargo, a la mayor parte de la sociedad valenciana, el cierre de un ente desprestigiado por su manipulación política y el elevado endeudamiento que arrastra, al margen de pillarle por sorpresa, se la trajo al pairo.

31 octubre 2013

Juan Roig y su "buena" prensa

Juan Roig. Imagen original de EFE.

Valencia, 22 de octubre de 2013. Conversación en las entrañas de un medio de difusión estatal.

—Mañana tienes que ir al congreso éste.
—Ok, ¿pero sólo mañana? Dura dos días.
—Sí. A la conferencia de Juan Roig.
—¿Sólo a la de Roig? También vienen un jefazo de Carrefour, otro de Kellogg’s…
—No, no. Sólo Roig.

A la mañana siguiente el periodista se planta en el Congreso de AECOC, Asociación de Comerciantes y Distribuidores, en el Palacio de Congresos de Valencia. A su alrededor, centenares de ejecutivos que han abonado entre 1.200 y 2.500 euros (dietas aparte) por estar en un entorno en el que se pueden establecer alianzas y cerrar importantes negocios. En la sala de prensa, decenas de periodistas, muchos de ellos llegados de Madrid, aunque sus medios o agencias tienen delegados y corresponsales en Valencia. Para el oído y confirma su sospecha; todos vienen a cubrir la charla de Roig. El resto no importa. Sin embargo, como en las otras ocasiones en las que le han enviado a cubrir un evento similar, Roig no dice nada extraordinario al margen de alguna gracieta; y pese a que pretende transmitir una imagen amable y cercana, la realidad es bien distinta, la escena está controlada: da su discurso desde el escenario hacia el auditorio; los periodistas lo escuchan en una tele de plasma en la sala de prensa, y desde allí, como es obvio, no se puede hacer preguntas.