01 enero 2014

La penúltima nochevieja de la alcaldesa


Un cuento (o no)

Cuando Ana, Marisa y Jacinto llegaron a la plaza del Ayuntamiento poco antes de la medianoche, ésta ya estaba tomada por la gente. La había en la zona central, la habilitada para la pirotecnia de las mascletades desde principios de marzo, pero también en medio de la calzada. Y eso que no había convocatoria oficial ni dispositivo para velar por la seguridad de los presentes. Lo que habían oído era, pues, cierto: aunque las autoridades municipales nunca hubieran programado nada, mucha gente, entre vecinos y turistas, venían reuniéndose en cantidades cada vez más generosas cada 31 de diciembre en la plaza consistorial, la más grande y céntrica de Valencia, para dar la bienvenida al año nuevo. 

24 diciembre 2013

Con los mejores deseos


"Cuando empiecen a aparecer en tienducas y baretos de barrio carteles de "No se atiende a gentuza del PP", cuando se empiece a aislar a compañeros de trabajo o vecinos peperos, cuando se deje de invitar a las cenas de Nochebuena a los familiares del PP... Entonces de verdad habrá empezado la respuesta social..."
Jónatham F. Moriche

Quizás no haga falta ponerse tan bronco, pero lo cierto es que la propuesta de Moriche no va desencaminada. Si queremos conseguir que un partido político aparentemente montado para cometer actividades delictivas deje de gobernar el Estado español, si queremos acabar con su gestión antisistema (del bienestar) y saqueadora del dinero público (Comunidad de Madrid, Islas Baleares, Castilla La Mancha, País Valenciano, etc.) y sus políticas anticonstitucionales (contra el derecho al trabajo, la vivienda etcétera) y "promuerte" (belicistas, antiabortistas, machistas, etc.); aislar a sus votantes y simpatizantes —que se sientan apestados por ser cómplices y responsables del mal que nos afecta a prácticamente a todos menos a un puñado de privilegiados— sería una de las primeras medidas efectivas para conseguirlo. 

26 noviembre 2013

RTVV: inútil hasta el final


La leyenda —ampliamente extendida entre la ciudadanía valenciana y foránea durante las últimas semanas— aseguraba que los informativos de Nou (la versión maquillada del Canal 9 de toda la vida) eran, desde que se anunció el inminente cierre de Radiotelevisión Valenciana, un alarde de pluralidad frente al maniqueísmo propagandístico que —entre otros muchos factores— llevó al canal y al ente al abandono ciudadano y la ruina. 

Pero lo cierto es que en el informativo de mediodía de ayer lunes en Nou —a falta de 48 horas de que el PP pudiera ratificar en las Cortes Valenciana la ley que permita el cierre— la noticia de la condena de Carlos Fabra a cuatro años de prisión, solo se desarrolló después de media hora de iniciado el informativo, y la pieza dedicada al asunto duró menos que el resumen del partido de fútbol disputado entre "el Elche" y "el Valencia" el día anterior. 

07 noviembre 2013

Por una RTVV digna (después de ésta)


El gobierno valenciano lo anunciaba a su manera, con una nota de prensa repleta de falacias y sin posibilidad de preguntar: RTVV se cerraba. Ya no era un ERE masivo, era el fin, el persianazo definitivo al sueño de la radiotelevisión pública plural y en valenciano que nunca fue. Y entonces, entonces sí, los trabajadores que quedaban en el ente tomaron el control tanto de la radio como de la televisión públicas. Parte de la ciudadanía, especialmente los colegas de los afectados, reaccionaron con sorpresa al hecho de que, por boca de los otrora propagandistas de Zaplana, Camps y compañía, afloraran ahora los calificativos de corruptos asociados a aquellos nombres, amén del reconocimiento de alguna manipulación largos años silenciada. Sin embargo, a la mayor parte de la sociedad valenciana, el cierre de un ente desprestigiado por su manipulación política y el elevado endeudamiento que arrastra, al margen de pillarle por sorpresa, se la trajo al pairo.

31 octubre 2013

Juan Roig y su "buena" prensa

Juan Roig. Imagen original de EFE.

Valencia, 22 de octubre de 2013. Conversación en las entrañas de un medio de difusión estatal.

—Mañana tienes que ir al congreso éste.
—Ok, ¿pero sólo mañana? Dura dos días.
—Sí. A la conferencia de Juan Roig.
—¿Sólo a la de Roig? También vienen un jefazo de Carrefour, otro de Kellogg’s…
—No, no. Sólo Roig.

A la mañana siguiente el periodista se planta en el Congreso de AECOC, Asociación de Comerciantes y Distribuidores, en el Palacio de Congresos de Valencia. A su alrededor, centenares de ejecutivos que han abonado entre 1.200 y 2.500 euros (dietas aparte) por estar en un entorno en el que se pueden establecer alianzas y cerrar importantes negocios. En la sala de prensa, decenas de periodistas, muchos de ellos llegados de Madrid, aunque sus medios o agencias tienen delegados y corresponsales en Valencia. Para el oído y confirma su sospecha; todos vienen a cubrir la charla de Roig. El resto no importa. Sin embargo, como en las otras ocasiones en las que le han enviado a cubrir un evento similar, Roig no dice nada extraordinario al margen de alguna gracieta; y pese a que pretende transmitir una imagen amable y cercana, la realidad es bien distinta, la escena está controlada: da su discurso desde el escenario hacia el auditorio; los periodistas lo escuchan en una tele de plasma en la sala de prensa, y desde allí, como es obvio, no se puede hacer preguntas. 

27 octubre 2013

Los trabajadores de Nou confirman que sigue la manipulación en RTVV

Frederic Ferri, tan creíble hoy como ayer.
Permítanme que empiece disculpándome por el título. Obviamente no es exacto; lo justo sería añadir “algunos” y añadir los detalles de cómo lo hacen. Pero el espacio en el periodismo es limitado y a veces pasan esas cosas, no se entra al detalle si se explica más adelante o si se entiende que le lector está cualificado para entender el mensaje. 

Viene todo esto a cuento de la campaña emprendida desde hace unos días por el Partido Popular valenciano asegurando que Nou —el Canal9 de toda la vida (o al menos, los últimos quince años), pero con menos plantilla y diferente grafismo— es ya un dechado de pluralidad informativa sin nada que ver con el pasado de manipulación que arrastra la gran mayoría de los miembros de su organigrama.

15 octubre 2013

Por la instauración del 'Indicador Bici'

Imagen original publicada en Heraldo.es

No sé si a ustedes les pasará algo parecido, pero a mí, desde hace muchos años, me ofende escuchar cómo se emplea en los medios de comunicación el número de vehículos matriculados como un indicador de la salud de la economía. Es cierto que, contemplándola como un asunto frío, especulativo, aséptico e inhumano, la venta de coches y otros vehículos de motor ofrece un dato de interés, en tanto que se valora por los economistas como un gasto prescindible —o cuanto menos aplazable— en épocas de carestía y por tanto, cuantos menos vehículos de motor para el transporte privado se venden, mayor es la sensación de crisis de la ciudadanía y el empresariado. Sin embargo, si algún medio contemplara la economía no como algo inhumano y ajeno a la ciudadanía, sino como algo de cuyo equilibrio dependen las vidas y el bienestar de miles de millones de personas, la venta de vehículos sería indicativo de más cosas: de la responsabilidad o irresponsabilidad de una sociedad que compra más o menos algo que seguramente no necesita; de su capacidad para administrar sus recursos, de su cultura, de su sensibilidad con su entorno, o de la carencia de las mismas.