Un cuento (o no)
Cuando Ana, Marisa y Jacinto llegaron a la plaza del Ayuntamiento poco antes de la medianoche, ésta ya estaba tomada por la gente. La había en la zona central, la habilitada para la pirotecnia de las mascletades desde principios de marzo, pero también en medio de la calzada. Y eso que no había convocatoria oficial ni dispositivo para velar por la seguridad de los presentes. Lo que habían oído era, pues, cierto: aunque las autoridades municipales nunca hubieran programado nada, mucha gente, entre vecinos y turistas, venían reuniéndose en cantidades cada vez más generosas cada 31 de diciembre en la plaza consistorial, la más grande y céntrica de Valencia, para dar la bienvenida al año nuevo.






