03 julio 2008

Sending out an SOS

La imagen anoche de un estadio Ciutat de Valencia superando escasamente un tercio de su aforo (los cronistas de la prensa local han sido muy generosos con su recuento) para presenciar el concierto de The Police, generó en mi mente multitud de pensamientos, todos a raíz de una primera duda: ¿se podría justificar el pinchazo en la excusa clásica de que Valencia no responde a los conciertos de pop (siendo éste el más importante que ha recibido en años)? Pero la respuesta a esa incógnita se respondía sola. No, pues el disuasorio precio de las entradas -entre 70 y 150 euros, aunque los ultimos días se plantearon varias ofertas- ya valía para justificar la huida. ¿Y cómo es posible que cuesten tanto los tickets para ver a la banda británica, cuando a penas dos días después verlos en festivales en Madrid y Bilbao junto a muchas más bandas ronde los 70 euros?. Lo desconozco, pero seguramente pueda justificarse en que mientras en los otros comparten montaje en este llevan su propio escenario y eso conlleva unos gastos que absorven solo ellos.

Estando de acuerdo en esto, entonces la siguiente pregunta era obvia: ¿Cómo una empresa se atreve a hacer un concierto que exige al público pagar entradas a un precio desorbitado? No sé, si mi dinero fuera el que estuviera en juego, me limitaría a traer artistas de menos riesgo, como la misma promotora hizo el día anterior con Juanes, o, en el caso de arriesgarme con extranjeros, jugar con valores más seguros, caso de unos Iron Maiden que seguramente reúnan a 40.000 personas en sus dos conciertos españoles la próxima semana y cuyo coste es tres o cuatro veces inferior al de la banda de Sting (poniendo dos ejemplos actualmente en gira). Pero no, la promotora apostó por The Police -cualquier oferta se agradece- y por un evento de élite, casualmente en consonancia con la política de grandes eventos que nos venden la Generalitat y el Ayuntamiento. No en balde, el concierto contó oficialmente con una subvención de 200.000 euros de la Diputación. Pero por desgracia -llamemos a las cosas por su nombre- el concierto fue un fracaso, tanto a nivel de repercusión estatal (no fue exclusivo, ni trajo multitud de visitantes) como al local, pues los valencianos no se volcaron en él. Y es que, por mucha imagen de lujo y "prosperidad" que quieran vender de Valencia, los valencianos reales no pueden permitirse, en su mayoría, gastarse un dineral en la entrada de un concierto (por 50 euros habría estado lleno), en cenar en un restaurante pijo del puerto o ni siquiera en unas tapas en el casco antiguo, y menos tal como se están poniendo las cosas, especialmente por aquí. ¿Entonces qué? ¿Cuánto tardará en derribarse el mito y quedará ante nosotros la fatalidad oculta tras tanto lujo de cartón piedra? No lo sé, pero los cimientos están empezando a tambalearse, no les quepa duda.

Dos años después

43 muertos, 47 heridos, ningún responsable.

Pese a ello, algunos medios afectos al régimen todavía tienen estómago para enmascarar la realidad, hablando a estas alturas del dinero que se piensa invertir en arreglarlo. Mientras, otros -en concreto Las Provincias- ni siquiera consideran que se trate de un tema que requiera más que una noticia de fondo. Aquí paz (para los responsables de la tragedia) y allá gloria (para los fallecidos). Vergonzoso.

PD: En este enlace podrán ver el especial que ha preparado InfoTV a propósito del aniversario del trágico suceso. En este otro podrán acceder al blog de la asociación de vítimas del accidente.

02 julio 2008

Nada cambia

¿Es este el mismo post de cada mes? No, porque siempre hay ligeras variaciones, pero el fondo viene a ser el mismo. Hasta se podría hablar de una mejora. La Comunitat Valenciana ya no aporta uno de cada tres nuevos parados del país como el mes pasado, sino uno de cada cinco, como hace dos. Sin embargo habrá quien sea capaz de verle hasta un punto de vista positivo: a pesar de los 7.222 nuevos desempleados que ubican a la Comunitat como la segunda que más parados aporta a la lista, Andalucía, con sus casi 19.000 ha aportado la mitad del total (aquí encontrarán todos los datos). "Estos socialistas", dirán mirando la paja en el ojo ajeno, "no saben crear prosperidad como nosotros", al tiempo que ocultan los datos refreridos a los incrementos relativos anuales de desempleados que sitúan a las comunidades que presiden Ramón Luis Valcárcel y Francisco Camps (los alumnos favoritos de Rajoy) como aquellas en las que es más fácil sumarse a la cola del paro.

No obstante, mientras les cuento esto, socialistas y populares escenifican las supuestas diferencias de sus políticas económicas, y aunque sobre el papel y como indican los datos son las mismas y generan los mismos efectos en los trabajadores rasos, al final del día más de medio país considerará que los "suyos" son los que mejor van a sacar esto adelante. Y tratarán de cambiarlos. Y no cambiará nada.

01 julio 2008

Las playas, limpias

Hace poco más de un año, el periódico británico The Guardian eligió la playa de Rodas, en las gallegas Islas Cíes, como la mejor del mundo. Por desgracia, aún no he tenido la suerte de estar allí, pero sí tengo constancia del que puede ser uno de los motivos de su calidad: en las Islas Cíes limpian la basura.

Excelente la viñeta de Forges hoy en El País (que descubro vía Mis Pensamientos). Todo lo que se diga en este sentido es poco, y más teniendo en cuenta cómo se han disculpado determinados comportamientos de corte de fascistoide durante los últimos días, a veces desde púlpitos supuestamente progres.

Con el culo al aire

Así se ha quedado, momentáneamente, el Ayuntamiento de Valencia, desde que ayer conociéramos que la parte privada de la empresa Cabanyal 2010 (la empresa hasta ahora mixta integrada por Ayuntamiento, Consell y once constructoras privadas fundada para construir sobre los escombros de parte del valenciano barrio del Cabanyal) ha manifestado su intención de abandonar el barco y dejar solo al consistorio en su proyecto especulativo. Y es que ya se deba a la actual crisis inmobiliaria, ya a las denuncias del comisario europeo de Mercado Interior sobre la falta de transparencia del tinglado montado alrededor de la operación, lo que resulta evidente es que las once constructoras ahora en fuga no estaban embarcadas en el proyecto con fines benéficos.

Ahora, el Ayuntamiento se ha quedado solo -con el apoyo del Consell- para defender un proyecto que ninguna constructora afín quiere llevar a cabo. ¿Será esta la oportunidad que aprovechará Rita Barberá para demostrar algo de cintura y reconducir el proyecto hacia la recuperación de un barrio emblemático de la ciudad y prácticamente único en Europa? ¿O en cambio seguirá utilizando la empresa para degradar el barrio derribando inmuebles, abandonando solares y realojando en el barrio a indeseables en condiciones insalubres (como quedó en evidencia en el reportaje de La2 emitido hace unas semanas) a la espera de encontrar un nuevo socio que le deba algún favor o que simplemente tenga ganas de lucrarse a costa de parte del patrimonio y la historia de la ciudad? Venga Rita, sorpréndenos.

Aunque casi no he tenido la radio encendida o visto la tele en las últimas 24 horas, pocos días de mi vida recuerdo en los que haya escuchado más tontadas que el que acaba de terminar.